Cómo escalar dos empresas al mismo tiempo: lo que nadie te cuenta
Diez años liderando Factura.com me enseñaron algo que no está en ningún libro: el verdadero reto de dirigir dos empresas al mismo tiempo no es el tiempo, es la atención. Esto es lo que aprendí.
Cuando asumí la dirección general de eFirma en 2025, ya llevaba diez años liderando Factura.com.
Diez años de errores, ajustes, procesos que fallaron y procesos que funcionaron. Diez años de aprender qué hace que un equipo de tecnología se alinee, qué destruye la cultura sin que nadie lo note, y cómo se ve una empresa que escala de manera sostenible versus una que crece y se rompe por dentro.
Todo eso, acumulado en lo que yo llamo un sistema.
No hay que reinventar la rueda
Una de las primeras preguntas que me hice fue cuáles de las prácticas probadas en Factura.com podían aplicar en eFirma — y cuáles necesitaban adaptarse al contexto distinto de una empresa de identidad digital.
Sería tentador —y muy humano— tratar cada empresa como un proyecto nuevo, con sus propias reglas y su propia cultura construida desde cero. Pero eso sería desperdiciar el activo más valioso que tenía: una década de aprendizajes probados en condiciones reales.
A eso le llamo sistema: el conjunto de prácticas, marcos y principios que una organización acumula con el tiempo y que, bien documentados, pueden transferirse entre contextos sin perder efectividad. La forma en que estructuramos objetivos por quarters usando OKRs. El ritmo de reuniones. Los principios que guían cómo tomamos decisiones cuando hay presión. La mentalidad de construir para escalar, no para sobrevivir el mes.
Libros como Beyond Entrepreneurship de Jim Collins me han ayudado a entender que los mejores líderes no improvisan su manera de dirigir — la diseñan. Siempre busco aprender cómo lo hacen los mejores, no para copiar, sino para tener referencias de excelencia contra las cuales calibrar mis propias decisiones.
Lo que sí tuve que aprender desde cero
Dicho esto: asumir que todo se transfiere sería un error igual de grande.
El mundo de la firma electrónica y la firma digital tiene su propia complejidad técnica y legal, y no hay atajo para aprenderla. La NOM-151, los estándares de identidad digital, los marcos legales que definen qué hace válida una firma electrónica avanzada en México —todo eso requirió inversión real de tiempo y atención de mi parte.
No me arrepiento. Un CEO que no entiende el negocio que dirige termina tomando decisiones superficiales. Pero sí fue un reto administrar ese proceso de aprendizaje — y agradezco el contexto que el equipo fundador de eFirma me dio para acortarlo.
Ahí fue donde confirmé la lección más importante: el CEO no puede ser el cuello de botella.
En Factura.com me había tardado años en entender esto. No podía repetir ese ciclo en eFirma. Tuve que acelerar la curva: delegar más rápido, confiar más temprano, construir estructuras de decisión que funcionaran sin que yo estuviera en el centro de todo.
Dividir mi atención entre dos equipos — con dos agendas, dos ritmos y dos culturas en construcción — me obligó a ser más explícito sobre prioridades de lo que nunca había sido. Cuando el tiempo es un recurso verdaderamente escaso, ya no puedes darte el lujo de la ambigüedad.
A dónde va todo esto
Factura.com y eFirma.com no son dos empresas que compiten por mi atención. Son dos piezas de un mismo ecosistema. Una resuelve la identidad fiscal de las empresas mexicanas a través del CFDI; la otra resuelve su identidad digital a través de la firma electrónica avanzada. El cliente al que le hablan es el mismo: la empresa mexicana que necesita operar con certeza jurídica en un entorno regulatorio que no para de evolucionar.
La visión compartida es construir ese ecosistema de manera coherente, donde ambas plataformas se complementen y los usuarios de una encuentren valor natural en la otra.
Llegar ahí requiere que las dos organizaciones sean sólidas por sí mismas. No depender del fundador para cada decisión. Tener sistemas claros, equipos alineados y una cultura que se sostenga aunque no estemos en la sala.
Eso es lo que llevamos construyendo. Y es, también, lo que seguimos aprendiendo.